Columna · Ideas

No pisar el ícono

Un cristiano se niega a pisar los íconos de Cristo y la Virgen ante soldados corasmios en el puente de Tiflis, 1226

Un puente de piedra sobre un río. A mitad del paso, tirados en el suelo, los íconos de Cristo y de la Virgen que una hora antes colgaban en la catedral de la ciudad. Del otro lado, soldados. La instrucción es simple: cruce el puente pisando las imágenes y conserve la vida. Niéguese y pierda la cabeza.

Eso ocurrió en Tiflis, capital del reino cristiano de Georgia, en marzo de 1226. La Iglesia georgiana recuerda a quienes se negaron como los Cien Mil Mártires, y cada 13 de noviembre miles de fieles caminan en procesión sobre ese mismo puente. Es muy probable que usted nunca haya oído hablar de ellos. Yo tampoco, durante la mayor parte de mi vida.

Lo que nos enseñaron

Crecí, como casi todos los mexicanos de mi generación, aprendiendo a pedir perdón por mi fe antes de entenderla. En la escuela, la palabra “cristiano” venía acompañada de hogueras, cruzadas y conquistadores. La Inquisición era sinónimo de oscurantismo; las Cruzadas, de fanatismo; la evangelización de América, de genocidio. El mensaje de fondo era claro: la civilización que formó a nuestros abuelos fue, en esencia, una maquinaria de violencia, y lo más digno que podía hacer un creyente era avergonzarse en silencio.

Con los años entendí que buena parte de eso era propaganda con siglos de antigüedad. La Leyenda Negra se fabricó en las imprentas de los enemigos políticos de España. Historiadores serios de la Inquisición, como Henry Kamen, han mostrado que las cifras que repite la cultura popular están infladas hasta el absurdo. Y las Cruzadas no fueron un arranque de agresión gratuita: fueron la respuesta, tardía y desordenada, a más de cuatro siglos de expansión militar islámica que le había arrebatado a la cristiandad Jerusalén, Siria, Egipto, el norte de África y casi toda la península ibérica.

Hubo pecados reales. Nadie que conozca la historia lo niega, y un cristiano menos que nadie, porque nuestra fe empieza por reconocer la culpa. El problema no es recordar los pecados propios. El problema es recordar solo esos.

Lo que pasó en Tiflis

Jalal al-Din, último sultán del imperio corasmio, venía huyendo de los mongoles y buscaba un reino que someter. En 1225 aplastó al ejército georgiano en Garni, y con esa derrota terminó la edad de oro medieval de Georgia. Al año siguiente marchó sobre la capital. La reina Rusudan y su corte huyeron; la guarnición resistió con fiereza hasta que, el 9 de marzo de 1226, las tropas del sultán entraron a la ciudad con ayuda de musulmanes de la propia Tiflis.

Lo que siguió lo registra una crónica georgiana anónima del siglo XIV, conocida como la Crónica de los Cien Años. El sultán mandó derribar la cúpula de la catedral de Sioni y puso en su lugar su propio trono. Ordenó sacar los íconos de Cristo y de la Virgen y tenderlos sobre el puente del río Mtkvari. Cada habitante debía pisarlos y renegar de su fe. Quien se negaba era decapitado. El cronista confiesa que las palabras no alcanzan para describir la destrucción, y cuenta que los soldados arrancaban a los niños del pecho de sus madres para estrellarles la cabeza contra el puente.

¿Fueron cien mil? La cifra viene de la crónica, que usa una expresión antigua equivalente a “diez veces diez mil”. Es probable que sea un número redondo, de los que usaban los cronistas medievales para decir “una multitud incontable”. No hace falta inflarla. Lo que importa es quién confirma la matanza: no solo los cristianos. Ibn al-Athir, el gran historiador musulmán de la época, y an-Nasawi, secretario personal y biógrafo del propio sultán, dejaron constancia de que se dio muerte a los cristianos que no aceptaron el islam. El historiador armenio Kirakos de Gandzak, del mismo siglo, añade conversiones forzadas, mujeres ultrajadas, iglesias destruidas y cruces arrancadas. No es una leyenda piadosa. Es un hecho que el entorno del propio verdugo dejó por escrito.

Tampoco fue un caso aislado. En 1480, en Otranto, al sur de Italia, ochocientos hombres fueron decapitados por negarse a renegar de Cristo tras la toma de la ciudad por los otomanos; la Iglesia católica los canonizó en 2013. Antes estuvo la caída de Constantinopla en 1453. Después, el exterminio de armenios, asirios y griegos en el ocaso del Imperio otomano. La lista es larga, y casi nada de ella aparece en un libro de texto mexicano.

La memoria selectiva

¿Por qué un estudiante mexicano puede recitar los horrores de la Inquisición y jamás ha escuchado los nombres de Tiflis u Otranto? No hace falta imaginar una conspiración. Basta con mirar quién ha escrito durante décadas los programas, los libros de texto y los guiones culturales: una élite que aprendió a leer la historia como un pleito permanente entre opresores y oprimidos, donde Occidente y su fe ocupan siempre el papel del opresor.

En ese esquema, el cristiano solo puede ser verdugo. Si aparece como víctima, el relato se descompone, así que simplemente se omite. El resultado es una asimetría que deforma el juicio. A nosotros se nos exige pedir perdón cada vez que se abre un libro de historia, mientras cualquier tradición ajena recibe una reverencia automática, y quien se atreve a recordar la violencia que esas tradiciones también produjeron es señalado de intolerante. Le llaman multiculturalismo, pero funciona en un solo sentido: todas las culturas merecen respeto, excepto la que construyó el mundo en el que vivimos.

Europa ofrece hoy la lección completa: una civilización que dejó de creer en sí misma, que confundió la apertura con la renuncia y que ya no sabe distinguir entre tolerar y rendirse. Una sociedad que no conoce su propia historia no tiene con qué defenderla.

Por qué importa hoy

Esto no es arqueología. Organizaciones como Puertas Abiertas documentan cada año la persecución de millones de cristianos en el mundo. En Nigeria se queman aldeas e iglesias enteras. En Medio Oriente, comunidades cristianas que existían desde los tiempos de los apóstoles han quedado reducidas a un puñado. La respuesta de buena parte de la clase cultural de Occidente ha sido el silencio.

Quiero ser preciso. Mi crítica no va contra el vecino musulmán que vive en paz y trabaja honradamente. La libertad religiosa es un fruto de la civilización cristiana, y la defiendo para todos. Precisamente por eso rechazo cualquier sistema, político o religioso, que imponga la fe a punta de espada, como lo hizo Jalal al-Din en aquel puente. Mi crítica va contra una cultura que se niega a nombrar esa violencia cuando la víctima es cristiana, y contra una educación que nos enseñó a despreciar lo propio y a romantizar todo lo ajeno.

El puente de nuestra generación

Los mártires de Tiflis no tenían argumentos sofisticados, cargos ni poder. Tenían una convicción: hay cosas que no se pisan.

A nosotros nadie nos pone una espada en el cuello. Lo que enfrentamos es más sutil: la presión constante de pisar el ícono en voz baja. Avergonzarnos de lo que creemos, callar cuando se miente sobre nuestra historia, pedir perdón por existir. Conocer la historia completa, con sus luces y sus sombras, es la primera forma de negarnos.

Este 13 de noviembre, mientras en Tiflis los fieles vuelvan a cruzar el puente Metekhi, vale la pena recordar que el legado que recibimos costó sangre. No tenemos derecho a entregarlo por vergüenza.

    Referencias

  1. Crónica de los Cien Años (anónima, s. XIV), en Kartlis Tskhovreba, ed. Roin Metreveli. Tiflis: Artanuji, 2008, p. 541.
  2. Ibn al-Athir, al-Kamil fi al-Tarikh (s. XIII).
  3. Shihab al-Din an-Nasawi, Sirat al-Sultan Jalal al-Din Mankubirni (s. XIII).
  4. Kirakos de Gandzak, Historia de Armenia (s. XIII).
  5. Minorsky, Vladimir. “Tiflis”, en E. J. Brill’s First Encyclopaedia of Islam, 1913–1936. Leiden: Brill, 1993, p. 756.
  6. Boyle, J. A. (ed.). The Cambridge History of Iran, vol. 5. Cambridge University Press, 1968, p. 328.
  7. Machitadze, Zakaria. The Lives of the Georgian Saints. Pravoslavie.ru, 2006.
  8. Kamen, Henry. La Inquisición española: una revisión histórica. Barcelona: Crítica.
  9. Hundred Thousand Martyrs of Tbilisi. Wikipedia, consultado el 1 de noviembre de 2026.
  10. Church Procession in commemoration of 100,000 Martyrs. 1TV Georgia.
  11. 100,000 Martyrs. Fundación del Catolicós Patriarca de toda Georgia.
Josué Candelaria
Josué Candelaria

Comunicador y estratega, fundador y Director Ejecutivo de Acción Conservadora por México y anfitrión del podcast Antiprogresista. Desde la Nueva Derecha, síntesis de soberanismo, libertarianismo y conservadurismo sobre un fundamento moral de raíz cristiana, confronta los supuestos del socialismo pragmático que ha moldeado a la clase política del país.

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