El pacto de Princeton y el Foro de São Paulo
Era el año 1993. Habían pasado dos años de la caída de la Unión Soviética, el llamado «Imperio del mal». Es en ese contexto donde se ubica una de las denuncias más persistentes de la derecha latinoamericana: la de que aquel año se habría sellado, en Princeton, un acuerdo para asegurar el poder de la izquierda en el continente tras el derrumbe soviético.
Según esa versión —sostenida por autores como el columnista brasileño Heitor de Paola—, Fernando Henrique Cardoso, entonces canciller de Brasil; Luiz Inácio Lula da Silva, fundador del Foro de São Paulo; y Warren Christopher, secretario de Estado de Bill Clinton, habrían acordado lo que se conoce como el Pacto de Princeton.
Entre los objetivos que se le atribuyen destacan: blanquear a las izquierdas revolucionarias de América para llevar al poder a figuras como Hugo Chávez, Dilma Rousseff, el propio Lula da Silva, Pepe Mujica, Michelle Bachelet, Gustavo Petro, los Kirchner, Evo Morales, Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum; controlar a la población; debilitar a la Iglesia católica; y destruir a los partidos históricos de cada país, a los que se tacharía de «neoliberales» y «fascistas». También, desinstitucionalizar las Fuerzas Armadas de sus respectivos países y sostener al régimen cubano.
En este esquema, el Diálogo Interamericano —centro de análisis que agrupa fundaciones y ONG, entre ellas Open Society de Soros— pondría el dinero, y el Foro de São Paulo, la maquinaria revolucionaria. Conviene examinar cada pieza.
El Diálogo Interamericano
Fundado en 1982 como un centro de análisis de política estadounidense y exterior, reúne a banqueros, fundaciones y ONG. Según esta misma denuncia, habría trazado un decálogo para la globalización, compuesto por diez puntos:
- Desmontar los Estados nacionales.
- Desmoralizar las religiones tradicionales.
- Limitar el desarrollo de los países bajo el pretexto del ambientalismo maltusiano.
- Disminuir las Fuerzas Armadas de los países.
- Cultura de paz, derechos humanos y desarme.
- Reducir la población.
- Agenda de género.
- Liberación de las drogas.
- Diseminación de las prácticas de control mental.
- Control de la educación.
¿Resultan familiares estos objetivos? Son, en buena medida, los mismos que hoy se impulsan desde las Naciones Unidas mediante la llamada Agenda 2030, solo que potenciados.
El Foro de São Paulo
A diferencia del pacto anterior, el Foro de São Paulo sí está plenamente documentado. Fue fundado en 1990 en Brasil, bajo el liderazgo de Fidel Castro y Lula da Silva. El PT de Brasil y el Partido Comunista de Cuba convocaron entonces a sus aliados a un encuentro de partidos y organizaciones de izquierda. Se presentaron 48 delegaciones de 14 países. Entre las más significativas estaban el Partido Comunista Boliviano y el Argentino, el anfitrión Partido de los Trabajadores de Brasil, la Unión Patriótica de Colombia, el Partido Comunista de Chile, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador y el Partido de la Revolución Democrática de México.
La creación del Foro buscaba recuperar en América Latina lo que el comunismo había perdido en Europa del Este: transformar el mundo hispano en una nueva Unión Soviética, con Cuba y, después, el chavismo en Venezuela como estandartes. En palabras del escritor y conferencista brasileño Heitor de Paola, «el Foro de São Paulo fue una táctica política donde se reunieron realmente los socialistas fabianos y marxistas junto con el Diálogo Interamericano, para ajustar una política en común para Brasil y Latinoamérica».
Pero esto no bastaba: también se necesitaba influir en los medios de comunicación masiva y en líderes de opinión que alimentaran la narrativa del paraíso socialista. Por ello, durante los años sesenta, Fidel Castro destinó recursos considerables al espionaje en Sudamérica, y en 1975 fundó el Departamento América, con el objetivo de detectar, reclutar y formar a simpatizantes de la Revolución cubana que, años después, se ocuparían de mostrar sus «bondades» y «logros».
Con la estructura en marcha, las ONG tenían el camino pavimentado para influir en la opinión pública: atacar a los políticos de la vieja centroderecha y enaltecer al candidato del Foro de São Paulo. La estrategia dio resultados durante las primeras dos décadas del siglo XXI: del 2000 al 2014, con la primera ola del socialismo, y de 2018 a 2023, con la segunda.
La Nueva Derecha y la elección que define el continente
Sin embargo, a partir de la primera presidencia de Donald Trump en 2017 y de la llegada del bolsonarismo a Brasil en 2016, empezó a articularse una corriente de conservadores, libertarios y patriotas sin ningún reparo en asumirse de derecha y en combatir, política y culturalmente, a la extrema izquierda. A este fenómeno el politólogo argentino Agustín Laje lo llamaría «la Nueva Derecha», término que desarrolla en su libro La batalla cultural.
Estos perfiles, en su mayoría outsiders, captaron el voto de un electorado harto de las crisis de inseguridad, desempleo, violencia, inflación y pobreza que dejaron los socialistas del siglo XXI. Por ello, en 2023, con la llegada de Javier Milei a la presidencia de Argentina, se aceleró la transición del continente hacia las ideas de la libertad, enarboladas por figuras como José Antonio Kast en Chile, Nayib Bukele en El Salvador, Santiago Peña en Paraguay, Keiko Fujimori en Perú, Daniel Noboa en Ecuador, Laura Fernández en Costa Rica, Rodrigo Paz en Bolivia y Abelardo de la Espriella en Colombia.
Pero el proceso aún no está definido. La elección más importante del continente se celebra este próximo domingo 4 de octubre de 2026, cuando Flávio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, se enfrente a Luiz Inácio Lula da Silva, creador del Foro de São Paulo, quien —pese a haber pasado por la cárcel en el marco del Lava Jato— buscará su cuarto mandato.
Aquí se define el futuro de América Hispana para las próximas décadas: un rumbo orientado hacia la libertad, o uno en el que la extrema izquierda se reinvente para sumirnos en una tercera ola del socialismo del siglo XXI. Porque, como dijo Richard Nixon, «hacia donde se incline Brasil, se inclinará América Latina».
Más ideas para el debate
No pisar el ícono
En 1226, los cristianos de Tiflis tuvieron que elegir entre pisar a Cristo o morir. Casi nadie en México conoce…
Cuauhtémoc Cárdenas y el auge de la izquierda en México
Tras la muerte de Cuauhtémoc Cárdenas, un repaso documentado de la trayectoria política de él y de su padre Lázaro:…
El Estado y su Ministerio de la Verdad
El caso Giggle for Girls en Australia plantea una pregunta incómoda: ¿puede el Estado obligar a una asociación privada a…
